Navidad de los desahuciados

Mahaia

¡Qué contrasentido! Llega la Navidad con sus deseos de paz, de bienestar, de hogar, de fraternidad, de deseos de felicidad y, mientras tanto, muchas personas y familias estarán sin casa porque fueron desahuciadas.

Es verdad que, mientras escribo, se están produciendo movimientos para buscar alguna salida a este problema lacerante. Me da la impresión de que gobernantes y políticos están intentando quitarse de encima la rebelión de una sociedad que ya no soporta injusticias de este tamaño.

Es difícil celebrar la Navidad al uso con una contradicción así encima. Es difícil desearse unos a otros la felicidad, sin que nos explote en la boca la suerte de los excluídos y expulsados de su casa.

Me recuerda la escena que describe el Evan­gelio: María y José buscando desesperadamente una casa para que María dé a luz a su hijo. «Los suyos no le recibieron». No hubo casa para María y José. Una impotencia enorme nos enerva por dentro.

Uno se acuerda de que Dios trasladó la Navidad a la cueva donde los desahuciados celebraron el nacimiento de su Hijo. Hoy la Navidad, la de verdad, la feliz, la de la vida, no estará en nuestras casas calientes, llenas de más o menos lujos, donde la exterioridad no nos deja penetrar en el misterio, sino que estará en la calle donde están echadas personas y familias que no tienen una casa que les acoja. Allí celebrará Dios su Navidad.

La única forma de que la Navidad entre en nuestras casas es que apretemos las sillas para hacer sitio a los desahuciados de esta sociedad injusta. La Navidad y su alegría no están en un lugar o en otro; están en los pobres y en los desheredados de la tierra. Y si en nuestra casa hay sitio para estos desheredados, entrará la Navidad con ellos. Lo demás nos quedaremos en una exterioridad falsa que no nos reportará ni un grano de gozo y evangelio.

Esta será la Navidad de los desahuciados. Avergüenza desearles felicidad, cuando les quitamos lo más necesario para la vida. Pero desde Dios, desde el Niño desahuciado en Belén, hermanos/as desahuciados/as, ¡Feliz Navidad!

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